domingo, 26 de septiembre de 2010

Esto es lo que hago, esto es lo que soy

Me dedico a vivir, a soñar, a reír, a disfrutar, a sonreír, a querer, a amar.


Me dedico a ver películas, a llorar con ellas, a leer, a emocionarme, a correr, a jugar, a escribir, a hablar, a dormir, a ser optimista, a animar, a recordar, a ver fotografías, a bailar, a cantar (aunque sea mal), a asentir, a probar, a experimentar, a ser de ciencias, a ayudar a gente, a quedar, a aprender, a esperar, a dar, a recibir, a observar.


Me dedico a intentar no caer, a recaer, a sufrir, a llorar, a mirarlo todo negro, a encerrarme, a buscar, a encontrar y a levantarme de nuevo para volver a vivir, a soñar, a reír, a disfrutar, a sonreír, a querer, a amar.




Me dedico a muchas cosas, pero ahora me dedicare a ser feliz.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Por las noches antiguas y la música lejana

No me gusta llorar con las películas. Me siento tonta. Lloro por una situación que no es real, por la vida de una persona a la cual no conozco. Pero eso si, con cada película que lloro, guardo un especial recuerdo sobre ella, porque ha conseguido hacerme sentir lo que solo unas pocas personas pueden hacer.

Recuerdo que cuando era pequeña mi hermana me recomendó ver La Princesita, la película trataba de una niña rica llamada Sara que se quedaba huérfana porque su padre se fue a luchar a la guerra. Su padre realmente no murió, pero sufría amnesia; cuando se iban a llevar a Sara, él, seguía sin poder recordarla. Sara no podía parar de gritar, me transmitía tal desesperación.

También me viene a la mente Moulin Rouge. Un pobre escritor que se enamora de una cortesana, una historia de amor imposible, hasta que deciden fugarse, pero ella está enferma y finalmente muere en los brazos de él. Sabía que estaba al otro lado de la pantalla y que no era real, pero me causaba tal impotencia...

Varios títulos más me vienen a la cabeza Pearl Harbor, Los chicos del coro, El diario de Noah, Escucha mi voz, Tomates Verdes Fritos...


Y estoy aquí, a las dos y media de la mañana escribiendo, con restos de lágrimas en los ojos, porque acabo de ver una película que me ha hecho llorar como ninguna otra lo había hecho antes. Sabía como iba a acabar, lo dijeron al principio. Era una típica película de amor.

Quedaban unos seis o siete minutos para el final y pensé : Bueno, es una película bonita, pero tampoco es de llorar. Cuando quise darme cuenta miles de lágrimas se escapaban por mis ojos, no sabía como parar.


Ya ha pasado media hora y mis ojos todavía no están secos






Los viejos sueños, eran buenos sueños. No se realizaron, pero me alegro de haberlos tenido. (Los puentes de Madison)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Lluvia


Estábamos los dos quietos, de pié, uno frente al otro, mirarnos era una tarea muy difícil puesto que no nos atrevíamos, hasta que sin pretenderlo, nuestras miradas se cruzaron y no pudimos volver a separarlas. Mis ojos marrones miraron a los suyos azul mar, estuve nadando en ellos durante unos cuantos segundos hasta que… empezó a llover. Los dos miramos al cielo y luego, me habló.
- Allie… Deberíamos volver a casa.
¿Volver? Estaba loco, levanté la cabeza para que la lluvia empapara suavemente mi cara. Me di cuenta de que se estaba alejando hacia un sitio en el que poder resguardarse hasta que respondí.
- No, por favor. Quédate un momento más conmigo.
No sé por qué, pero me acompaño en mi locura. Estuvimos bajo la lluvia un buen rato, hasta que volvió a hablar.
- ¿Por qué te gusta tanto la lluvia?
Era una pregunta extraña, pero la sabía responder.
- ¿Por qué? – en ese momento le dediqué una sonrisa que él sabía que llevaba su nombre.- Porque es un momento en el que… no sé, mira a tu alrededor, no hay nadie. A nadie le gusta la lluvia, es una buena compañía cuando quieres estar sola.
- ¿Sola?
El mar de sus ojos volvió a mirarme y esta vez sabía para que era, se fue acercando lentamente a mí hasta que sus labios rozaron los míos y yo, le correspondí al beso.
En ese momento, empezó a amainar.







Nota: Inspiración me recomendo ver El diario de Noa.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Lágrimas


No lo pude evitar, no sé ni cómo pasó, ni en qué momento ocurrió, solo sé que no podía parar de llorar. Miles de lágrimas intentaban escapar por mis ojos luchando por recorrer mi cara hasta llegar a mi barbilla y tirarse al vacío. Cada poco les interrumpía la carrera pasando la manga de mi sudadera por mis mejillas, pero ni con esas podía evitar que mojaran mi cara con un poco de agua con sabor a sal.


Es una sensación extraña, pero la verdad, me gusta llorar de Felicidad.

domingo, 29 de agosto de 2010

Fiestas Frumales 2010


Tantas cosas que contar, y tan pocas palabras para escribirlo. No consigo hacer frases, me vienen imágenes del verano y mil palabras son demasiadas como para escribirlas.

Fiesta, noche, líneas, futbol, portera, madrugar, dominic the donkey, bailar, grease, piscina, antibióticos, fotos, frontón, torneos, nadar, cantar, pahino, conxuro, canciones, RAP (¬¬), gente, lios, espiar, trato, presentadora, disfraces, perro, zas, baloncesto, helados, maxibon, i-pod, papelera, record, waka waka, bailes, borrachos, kintos, limpiar, peñas, cena, nachos, pizza, Frumales, 2010…

Solo he conseguido 49 palabras y creo que la palabra número 50 es la que mejor describe a las Fiestas de Frumales del 2010…



Indescriptibles

miércoles, 4 de agosto de 2010

Cerrado




Come back to... Frumales :)

martes, 3 de agosto de 2010

Cara o... Cruz


Un aeropuerto es como una moneda, tiene dos lados opuestos.
La cara, es la alegría, el buscar como si te fuera la vida en ello el rostro que tanto esperabas ver, estas tan emocionado que la gente lo suele canalizar a través de los ramos de flores que se van deshojando a cada segundo que no está a tu lado, tienes tantas ganas de reencontrarte con esa persona que no te importa hacer el ridículo y te subes a los bancos de plástico a buscar esa mirada que echabas tanto de menos, cuando la ves corres hacia ella llevándote cualquier objeto por delante, maletas, personas que te gritan, pero te da igual, no estarás contento hasta que no te veas en sus brazos, y cuando por fin llegas no puedes evitar que unas lagrimas corran por tus mejillas hasta encontrarse con las suyas. El saber que el vuelo de esa persona se retarda dos horas, pero que está bien, y te da igual porque dos horas son un precio muy barato a pagar por vela, tú sigues allí sentado, esperando atento a cualquier palabra del audífono, envidioso de toda la gente que se abraza y llora por el reencuentro, pero lo único es pensar que pronto esas personas se sustituirán por las que tú quieras, por las que tú quieres.
La cruz puede ser el lugar más horrible del mundo, donde tus sueños se terminan, durante un tiempo, o para siempre; donde sabes que ese sentimiento de pérdida no se puede arreglar con nada, solo con alguien, solamente con esa persona que te dice adiós, hasta siempre, ya te veré y típicas cosas que se escuchan, aunque muchas veces sabes que no volverás a ver a esa persona. Donde los las despedidas son lo más largas posibles y los abrazos los más fuertes, ya que intentas que ese olor que le hace especial se quede impregnado en ti y te deje algún recuerdo suyo…
- ¿Sara?
Ese tono de voz despreocupado pero decidido a la vez, ese acento que se ha vuelto francés a través de los años, de la lejanía. Sigo mirando al papel, atenta a lo que escribo, pero sé que en cuanto levante la vista me encontraré con la verdad.
Me acuerdo que cuando era pequeña quería ser astrofísica, me regalaron un telescopio y apuntaron hacia la luna, me dijeron. ‘’ Mira, Sara, lo que vas a ver ahora por el telescopio es la luna, para ser astrofísica la tienes que tener muy en cuenta. ’’ Tenía miedo de mirar por el telescopio por si no era como yo esperaba, por si el sueño que llevaba manteniendo varios años se desvanecía. Al final miré y no era lo que esperaba, así que al día siguiente guardé mis libros de constelaciones y planetas y vuelta de hoja.
Esto no es igual, no puedo guardar mis libros en el baúl porque son demasiado grandes. Pero… ¿Por qué tengo miedo? Por mirarle a la cara y ver que no es el mismo, que ha cambiado. Me sorprendo de lo consciente que soy de ello y espero seguir así.
Voy levantando poco a poco la vista. Tiene unos vaqueros normales y corrientes. No sé si puedo seguir, o lo hago rápido o no podré hacerlo. Levanto la vista hasta sus ojos, sus ojos color miel, unos ojos sinceros, unos ojos que se alegran de verme y por encima de todo, unos ojos que no han cambiado en absoluto. Intento evitar que las lágrimas afloren, pero no puedo, no sé porque, estoy tan contenta que hasta me da igual llorar. Salto a sus brazos sin decirle nada. Al principio noto su sorpresa, pero luego me devuelve el abrazo y sé que en su cara hay dibujada una sonrisa
- Lucas, te he echado de menos.
- Tranquila, ya estoy aquí, no me iré nunca más. Venga vayámonos de este sitio de una vez.
- ¡Espera! Antes tengo que comprobar una cosa.
Metí la mano en mi bolsillo y saqué una moneda de un euro la puse en mis dedos índice y pulgar y la tire al aire. La cogí y la puse en el dorso de mi mano, la miré y sonreí.
- ¿Qué es? – Me dijo asomándose a mi mano.


- Cara.